"La peor lucha es la que no se hace"

miércoles, 24 de agosto de 2011

Golpe (de Estado) a nuestra soberanía

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¡Quieto todo el mundo! Se va a reformar la Constitución. La Carta Magna. El Santo Escrito. La Intocable. Ese papel con el que todos los gobernantes se han limpiado el culo y que no se iba a tocar nunca porque era muy dificil... o eso nos contaban.

Eso que llaman los mercados siguen decidiendo que no les basta con los sacrificios que, medida tras medida, recorte tras recorte, son obligados a realizar los de siempre. Quieren más. Son insaciables. Y no van a parar si no se les para.

Zapatero propuso ayer reformar la constitución para establecer en ella el techo de gasto. ¿Que qué es eso? Pues simple y llanamente limitar el gasto público
A mucha gente, sin duda influenciada por el simplismo de las propuestas y la desinformación de los medios, le puede sonar incluso hasta bien. Pero, ¿qué es lo que significa limitar el gasto público? Significa recortar el gasto social y darle la última estocada al maltrecho Estado del Bienestar. 

Limitar el gasto público (y, por ende, recortar el gasto social) implica suprimir o meter la tijera a todo aquello que es "deficitario" para el Estado (sanidad, subsidios, pensiones...).

Con la excusa del techo del gasto, el Gobierno en cuestión puede aplicar las medidas de recorte amparandose en la propia Ley de Leyes.
Cuando recorten las pensiones, dirán que la Constitución pide limitar el gasto público. Cuando establezcan el copago sanitario, dirán que el Estado gasta mucho para mantener la sanidad. Cuando recorten la prestación por desempleo, su excusa será que el déficit que ello genera es muy alto. Y así con todo.
Al final, la excusa de "porque lo dicen los mercados" se transformará en "porque lo dice la Constitución"
Se busca que la gente no piense en que son los mercados los que presionan para recortarnos derechos sociales, si no que es la propia Ley la que obliga a ello.

Además, hay que decirlo claro: es un golpe de Estado a la soberanía. Y no me invento nada. El propio portavoz del PSOE en el Congreso, José Antonio Alonso, lo dijo ayer bien claro y ante las cámaras: "hay que ceder soberanía para ganar solvencia".

Y yo me pregunto, ¿ceder soberanía? ¿No es eso algo suficientemente trascendental como para que lo vote la gente? Según el artículo 1.2 de nuestra Constitución, "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado".

Es un golpe de Estado, que no necesariamente debe ser militar o con armas. 
Merkel y Sarkozy aceptan la propuesta para calmar los mercados y trasladarsela a Zapatero. Este habla con Rajoy (que lo ve bien) y con Rubalcaba (que también lo ve bien). Después, el presidente lo lleva al Congreso y, sin posibilidad de que el pueblo se exprese, se llevará a cabo.
¡Y todo para ceder soberanía! Es decir, para ceder poder.

Todo esto se hará con el beneplácito de los dos grandes partidos (PP y PSOE) y el apoyo, necesario, de UPyD (que lo ha aplaudido) y los socios habituales del gobierno.
Los que votarán en contra serán IU, ICV, BNG y ERC. Lo que queda de izquierda en el congreso.

Pero, además, dentro del PSOE hay cierta convulsión por este tema. Eran algunas las voces críticas que ayer salían en Twitter pidiendo explicaciones para saber dónde se ha decidido tal medida. Es decir, dentro del PSOE hay gente que sabe que la medida es una bajada de pantalones ante el neoliberalismo y la derecha europea (donde se encuentra el PP).

¿Alguna solución? Oponerse y rebelarse. En las calles y en las urnas. Hay que dar un golpe de efecto para devolver la soberanía a quién siempre debe pertenecer: el pueblo.
Hay que organizar marchas y movilizaciones, todavía más intensas que las ya vividas, que muestren el más firme rechazo a una reforma de la Constitución que, además de regalar la soberanía a los mercados, no ha sido refrendada ni abierta a debate público.
Y organizar, con ellas, el frente cívico que sea alternativa de poder. 

No nos andemos con tonterías y tengamos altura de miras, que los tiempos la requieren.

martes, 23 de agosto de 2011

Señalando al Régimen

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No hace falta irse al norte de África en busca de algún régimen que intenta ser derrocado (ojo con Túnez y Egipto que, aún silenciados, siguen manteniendo una lucha contra una oligarquía). Lo tenemos en frente de nuestras narices.

Lo que aconteció la semana pasada tras las manifestaciones laicas abrió los ojos a más de una persona, principalmente a los que creían que los tiempos de la Iglesia se dejaron atrás cuando murió el dictador.
Los que estuvimos en alguna manifestación contemplabamos atónitos el esperpento. Un servidor, por ejemplo, estuvo literalmente atascado en la Calle Carretas durante la marcha convocada por Europa Laica (entre otras), debido a la intencionada ineptitud de la Policía Nacional.

Las marchas acabaron con brutalidades policiales de las que te librabas si llevabas una mochila peregrina que te concedía inmunidad política.

Los vídeos que hemos podido ver a lo largo de la semana transcurrida dan una seña de dónde vivimos. Hemos visto como unos policías aporreaban a una adolescente y un periodista, como detenían a otra periodista sin dar ninguna explicación, así como determinadas cargas injustificadas donde se apalea a todo aquel que está en el camino de la Policía.

Probablemente, si esto ocurriese en Cuba o Venezuela, sería portada en todos los diarios del país, se le dedicarían incontables minutos en los telediarios, y se tacharía de dictaduras (una vez más) a ambos países.
Pues bien, esto ha ocurrido en España, un país que disfruta de una democracia liberal como la francesa o la alemana. 
¿Los medios? Básicamente como siempre. Se empezaron a hacer eco (algunos, porque la descarada manipulación de TVE estos días está siendo tremenda) cuando el cabreo en las redes sociales (Twitter y Facebook) era imposible de silenciar. 

Son actos que parecen más propios de la Edad Media que del Siglo XXI. 
La foto de arriba explica perfectamente cómo está situado el Congreso y el Gobierno frente al lobby católico: Bono, presidente del Congreso, besando la mano del Jefe de un Estado dictatorial y machista como es El Vaticano; y Jauregui, ministro de la Presidencia, esperando su turno.

Y conviene señalar al Régimen que ya muestra sin complejos sus tics dictatoriales.
Tenemos por un lado la economía, que es controlada totalmente por los llamados mercados (bancos, grandes corporaciones, agencias de calificación) y ante los cuales los gobiernos están de rodillas aplicando lo que ellos dicen.
Tenemos por otro lado a los medios de información, por llamarles de alguna manera, ya que precisamente son propiedad de grupos empresariales de esos mismos mercados. Aquí podemos ver quién controla los medios de masas en España.
También están las fuerzas de seguridad que reciben órdenes del mismo gobierno que está de rodillas ante bancos y grandes empresas.

Es decir, tenemos un régimen donde la economía no puede girar si no se dá la patada a los intereses de los que tienen el dinero, donde los medios de información nunca informarán como es debido de algo que pueda perjudicar a sus dueños, y donde las fuerzas de seguridad aporrean recibiendo órdenes del mismo gobierno que está de rodillas. 

¿Van cuadrando algunas cosas?

martes, 9 de agosto de 2011

La respuesta del sistema

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El desalojo (pactado entre Ministerio del Interior, Delegación de Gobierno y Ayuntamiento de Madrid) de PuntoSol y lo que quedaba de acampada solo era el preaviso de lo que, horas más tarde y durante los siguientes días, iba a dar lugar en la capital.
Se instauró en la plaza, de facto (porque no se declaró), un auténtico estado de excepción que llevó a que muchos se cuestionaran en qué clase de democracia vivimos. Ya sabíamos que esto no era una democracia (lo llaman democracia y no lo es) porque en realidad nos gobiernan los que manejan el dinero. Es decir, ya habíamos descubierto que vivimos en una dictadura económica con una careta en la que pone "democracia", pero quizá nunca antes, desde que cayó el dictador, habíamos asistido a lo que la semana pasada tuvo lugar en nuestro país.

Se cerrró Sol a cal y canto. Se cerró la estación y las entradas a la plaza por órden de la delegada de Gobierno (Mª Dolores Carrión) y se realizaban controles exhaustivos, en base a la vestimenta, para acceder a la plaza.

Una decisión torpe, aunque probablemente intencionada, la de instaurar en Sol ese mini-estado de excepción ya que el 15M bloqueó en varias ocasiones la Gran Vía y la Castellana, y se comenzó una batalla que finalmente ganó el pueblo. 

Sol se convirtió en una metáfora del Sistema, como dijo un compañero en Twitter.

La policía llegó a arrestar a un periodista (Gorka Ramos, de lainformacion.com) que simplemente ejercía la función que cualquier periodista debe cumplir: informar desde la veracidad. Un arresto que, además, se produjo durante la brutal carga violenta sobre los/as indignados/as que se saldó con varias personas detenidas y heridas.

El éxtasis posterior a la toma de Sol no debe nublar el hecho de que tenemos un Estado que, según parece demostrar, está dispuesto a todo con tal de acabar con un movimiento que cuestiona pilares fundamentales de un sistema económico injusto.

¿Hay que estar alerta? Con toda probabilidad. Que nadie se espere a que el sistema vaya a caer sin oponer resistencia.
La reflexión clave es saber si estamos dispuestos/as a preparar la alternativa antes de que la represión acabe con esto.