"La peor lucha es la que no se hace"

martes, 15 de febrero de 2011

¡Producid, malditos!

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En el ambiente político está el tema de los salarios. Vino Merkel (que para los gobiernos europeos es algo así como una diosa todopoderosa) y le dijo a Zapatero que los salarios no tenían que estar equiparados a los precios (al IPC), si no a la productividad de las empresas. Es decir, competitividad pura y dura.

No voy a entrar mucho a valorar el hecho de que los salarios sean desligados de los precios (lo lógico es que, si suben los precios, suban los salarios para compensar) porque creo que casi todos somos conscientes de lo que esto conlleva. Además, algunos bloggers ya han entrado a valorar esto (1) (2). Yo prefiero analizar el hecho de que, en plena crisis de sobreproducción, quieran incrementar dicha producción por medio de la competición desmesurada de empresas vs empresas y trabajadores vs trabajadores.
Todos sabemos que la consecuencia más dramática de esta crisis está siendo, sin duda, el desempleo: la alta tasa de paro que ya está en el 20,33% en España. 
Pero, ¿y la causa? Quizá la causa más dramática ha sido la sobreexplotación de los recursos naturales alimentada por el sistema económico imperante que basa el crecimiento de los países en aumentar un numerito por el que ellos mismos compiten. Un numerito que, para aumentarlo, hay que ser competitivo. En todas sus vertientes: laboralmente (que las empresas paguen menos y despidan más barato a los trabajadores), fiscalmente (que los inversores y ricos paguen muchos menos impuestos), productivamente (producir más que el vecino, sin importar las necesidades de los ciudadanos), etcétera...

Lo que propone la sobrevalorada Merkel es que los países aumenten su competición directa (exprimir más el planeta y sobreexplotar los recursos limitados) aunque ello signifique seguir recortando derechos a los trabajadores. Y lo que es peor, recortando sueldos.

A bombo y platillo se dijo que el Gobierno no quería ni pensar la propuesta de Merkel, que no se iba a tocar la clausula salarial de los convenios colectivos, y que los salarios iban a seguir ligados a los precios. Además, los grandes empresarios calificaron de radical la propuesta de Merkel y dijeron que aquí no funcionaría. Pero, con estas, hemos venido viendo que la CEOE y los grandes bancos ya van aplicando esta medida en cuanto pueden y que van declarando su simpatía hacia la propuesta en cuanto han visto que es una medida más de presión sobre sus trabajadores; además, hemos visto ya las primeras declaraciones de miembros del Gobierno diciendo que vincularán los salarios a la productividad sin olvidar el IPC (eso del equilibrio inexistente que tanto les gusta). Como si fuera posible hacerlo sin apretar a los de abajo.

El gran Partido "Socialista" "Obrero" Español inicia ahora la guerra contra los salarios de los trabajadores no-públicos. Empezó rebajando el 5% del sueldo a TODOS los funcionarios (no caigáis en la valoración de que funcionario solo es el oficinista que nos sella el paro); continuó con una reforma laboral que abarataba el despido y con la que se financiaban, desde el Estado, 8 días por cada despido; quitó el cheque bebé que ayudaba a las parejas que tenían un hijo; congeló las pensiones y las sometió a una reforma que retrasa la edad de jubilación, que aumenta el periodo de cálculo para conseguir el 100% de la pensión y que recorta la pensión entre un 17 y un 26%; entre otras muchas cosas (privatización de las cajas, las Loterías y AENA; regalos fiscales a las grandes fortunas, inyección de dinero público a los bancos...)  con las que podría rellenar 3 entradas como la que estais leyendo.

Y, con todo, la buena de Merkel le dice que lo que hace está bien (para los mercados y los especuladores, claro) pero que necesita más. El caso es saber qué será lo próximo. ¿El copago sanitario que no descarta el Secretario de Estado de Hacienda? ¿Hasta cuando?

martes, 8 de febrero de 2011

¿Somos demócratas?

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Es curiosa la vida. Cuando más te acercas a un objetivo, a un final que has perseguido durante mucho tiempo, más obstáculos te vas encontrando a lo largo del camino que tienes que sortear. Obstáculos peligrosos que los tienes que sortear con sutileza, elegantemente, demostrando madurez.

Cosas como estas pasan también en la vida política en diversos contextos. Sobretodo cuando, para algunos, está en juego alguna que otra hegemonía. Pasa (y seguirá pasando) con los bancos y los poderosos: cuando ven que los trabajadores dan el paso definitivo y se rebelan contra esas cadenas que les oprimen cada día, enseguida sacan alguna de sus artimañas para intentar desunir, polemizar o reventar estos pasos tan difíciles de conseguir.

Pues, a lo largo de la historia, esto ha pasado múltiples veces cuando se ha intentado llegar a la solución en diversos conflictos. Siempre ha surgido una voz discordante: la voz del miedo o, lo que es peor todavía, la de los intereses.

En España venimos arrastrando un conflicto enquistado en el tiempo que, asumámoslo, tiene los días contados. 
Ayer se presentaba el nuevo proyecto político de la izquierda abertzale. Un proyecto conjunto de Eusko Alkartasuna y Batasuna (y, recientemente, Alternatiba) que tiene el objetivo de dar carpetazo a la violencia de ETA y participar en la vida política legalmente. Así de simple.
Con los Estatutos de este nuevo proyecto, Sortu, y la Ley de Partidos en las manos, se puede comprobar que esta formación cumple con la Ley. Y, además, con unos requisitos que han venido pidiéndose por los grupos políticos a lo largo de los últimos años (la condena a la violencia de ETA, por ejemplo).

El paso firme de la izquierda abertzale por la paz es innegable. ¿Quién imaginaba hace unos años estos pasos? ¿Quién imaginaba hace unos años unos Estatutos donde Batasuna condenara explícitamente la violencia de ETA?

De ayer a hoy se han podido ver múltiples discursos y palabras de todo el arco parlamentario donde se pronunciaban sobre Sortu. La posición de IU es clara, “no se puede negar ni retrasar la legalización de una fuerza que cumple las condiciones marcadas por la ley”.
Pero la opinión del PP, por ejemplo, dista mucho de ser reconciliadora. Dicen que este nuevo partido no puede ser legalizado porque son una franquicia de ETA. Mentira, y lo saben. Saben que el entorno abertzale es complicado y saben que, actualmente, quien manda en dicho entorno no es ETA, si no Batasuna. Lo cual es bueno, ya que no es la organización terrorista la que lleva la batuta.

No obstante, hay que recordar algo que ha indicado Hugo en su entrada de hoy y que creo que conviene que conozcamos todos:
Si ni el gobierno ni la mayoría del Congreso piden la ilegalización de un partido es imposible llevarla a cabo. La fiscalía puede actuar, tal como anunció Rubalcaba, sólo si el gobierno hace lo que pide el PP: impugnar el registro del nuevo partido. La Ley de Partidos impide que se ilegalice un partido sin el impulso ilegalizador de los partidos mayoritarios. El gobierno optará: o intenta la ilegalización o no. Si no intenta la ilegalización, habrá un partido legal más dentro de quince días. La Ley de Partidos es así: facilita la arbitrariedad y deja en manos de la mayoría del parlamento y del gobierno (valga la redundancia) la legalidad de los partidos minoritarios (ese mecanismo impide que un partido mayoritario pudiera ser ilegalizado por mucho que violaran la ley). Que al gobierno le parezca ahora que es una patata caliente que no va con ellos es su problema: haber hecho una ley más propia de un Estado de Derecho. Hicieron una ley para las ilegalizaciones políticas y ahora tienen que hacer política y mojarse.

Creo que el paso firme para lograr la normalización en Euskadi y la paz es algo que está ya dándose. Y algo por lo que todos deberíamos alegrarnos. Aunque algunos hablen más desde los propios intereses que desde la objetividad.