"La peor lucha es la que no se hace"

lunes, 20 de mayo de 2013

Salir del Euro: por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana

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Por la recuperación de la soberanía económica, monetaria y ciudadana.

La dramática situación social y económica en la que está hundida nuestra sociedad exige una política capaz de crear las condiciones para salir de la crisis. Es una necesidad urgente. El tiempo se ha convertido en un dato primordial por los riesgos de agravamiento y degradación que existen, por el enorme sufrimiento social que provoca la persistencia de las políticas de ajuste, austeridad y privatización de lo público.

La red en la que estamos atrapados  está conformada por un nivel de paro catastrófico, por un endeudamiento del país frente al exterior imposible de afrontar y por una evolución de las cuentas públicas que conducen a la quiebra económica del Estado. Más de 6 millones de parados, más de 2,3 billones de euros de pasivos brutos frente al exterior, y una deuda pública de casi un billón de euros, creciente y próxima al 100% del PIB,  son datos que definen un desastre inmanejable, ponen en peligro la convivencia y derruyen derechos sociales fundamentales.

Una crisis de esta envergadura tiene causas complejas y múltiples, desde la crisis  general del capitalismo financiero hasta el despilfarro y la corrupción propios, pasando por un sistema fiscal tan regresivo como injustamente aplicado, pero aun a  riesgo de simplificar el análisis para desentrañar  las soluciones, hay que atribuir a la incorporación de nuestro país a la moneda única la principal razón de esta desoladora situación.

Como ahora se reconoce, no había condiciones  para implantar una moneda única  entre países tan desiguales económicamente sin ir acompañada de una fiscalidad común. Su creación implicaba, por otra parte,  un marco propicio para implantar políticas regresivas y antisociales de todo tipo según la doctrina neoliberal, que ha tenido en  la construcción de la Europa de Maastricht su máxima expresión.  Como se calibró en su momento, el Estado del bienestar no es compatible con la Europa de  Maastricht.

Con la incorporación al euro, nuestro país perdió un instrumento esencial para competir y mantener un equilibrio razonable de los intercambios económicos con el exterior, como era el control y manejo del  tipo de cambio con respecto al resto de las monedas. Por otra parte, hubo una cesión de la soberanía al BCE en cuanto a la creación de liquidez y aplicación de la política monetaria, una institución dominada desde los orígenes por los intereses del capitalismo alemán.

Como no podía ser de otro modo, el retraso y la debilidad de la economía española frente a  otros países y la rigidez absoluta impuesta por el euro llevaron a lo largo de la década del  2000 a un déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente abrumador. Se registraron unos desequilibrios insostenibles, como también les ocurrió a otros países como Grecia y Portugal, apresados en la misma trampa. En los 14 años transcurridos desde la creación del euro en 1999 hasta el final del 2012, el déficit exterior acumulado fue de casi 700 mil millones de euros, que hubo de financiarse endeudándose con el exterior.  Las entidades crediticias y las empresas españolas demandaron más de otro billón de euros de recursos para sus planes de inversiones en el exterior, principalmente en América Latina.

Hasta el año 2008, en que se desató la crisis financiera internacional,  por las facilidades extraordinarias de financiación, el país vivió un sueño, como drogado, alimentando la burbuja inmobiliaria y ajeno a los problemas que se habían gestado. En ese año, todo cambió radicalmente, los mercados financieros se cerraron, por los canales no fluía la liquidez y la situación de cada deudor pasó a examinarse con rigor. Con el  cambio abrupto en la posición deudora de nuestra economía frente al exterior, los pasivos brutos pasaron de 540 mil millones al final de 1998 a 2,2 billones en 2008, el país entró en quiebra y sobrevino una profunda recesión que a todos los efectos sigue vigente.

El sector público se resintió profundamente desde entonces, incurriendo en un déficit desorbitado por la caída drástica de los ingresos, reforzada por el estallido de la burbuja inmobiliaria. El Estado, sobre el que acaban descargando todas las tensiones de las administraciones públicas, ha necesitado  de centenares de millones de euros, obtenidos con la emisión de deuda pública en los mercados interior y exterior, ante la imposibilidad de la financiación directa por la autoridad monetaria.  Al final de 2007,  la deuda en circulación del Estado era de 307.000 millones de euros, el 37% del PIB. Al  final de 2012 había subido a 688,000  millones,  el 65% del PIB, y sigue aumentando como corresponde a la evolución deficitaria de las cuentas públicas.

Desde que se admitió la crisis, la política económica ha tenido unos rasgos básicos inamovibles. La pérdida de competitividad de la economía española ha servido de excusa para aplicar a rajatabla las recetas neoliberales y se ha tratado de compensar con el llamado “ajuste interno”, un proceso dirigido a disminuir los salarios y facilitar los despidos para abaratar los precios de las mercancías y servicios españoles, desde el momento en que la vía natural e histórica de la devaluación de la moneda está cegada por el euro. Ajustes, contrarreformas laborales y recortes continuos jalonan la política de los últimos años. Por otra parte, la mal denominada austeridad se ha impuesto brutalmente en la política fiscal, como exigencia de los poderes económicos, haciéndose de la lucha contra el déficit publico el talismán engañoso  de la solución a la crisis.

Esta política ha producido un retroceso social muy doloroso, ha impulsado inconteniblemente el crecimiento del paro y, lo que es fundamental, es inútil. El país se desliza sin freno y  se despeña hacia una fosa profunda. Los determinantes de la crisis siguen intactos cuando no degradados. Los pasivos  exteriores no pueden disminuir sin que se registre un excedente de la balanza de pagos, cosa prácticamente inalcanzable para una economía bastante derruida y de escasa  competitividad,  y la pesada carga de deuda pública no dejará de crecer hasta que se diluya el déficit público, algo que el propio gobierno no alcanza a vislumbrar. La desconfianza es general.

La sociedad en una encrucijada.

¿Cómo superar el desastre? La alternativa a la crisis que defiende la Troika y abiertamente el PP pasa por profundizar  en los ajustes,  en la  austeridad y en la destrucción de lo público. La economía española, como ya le ha ocurrido a Grecia o Portugal, cae por el precipicio y se desfondará en el abismo,  con unas consecuencias sociales dramáticas y riesgos políticos de todo signo.

El PSOE, copartícipe activo en el actual diseño económico y social, finge ahora un desacuerdo con el PP y critica su  política suicida, pero sigue amarrado al criterio de que el euro es irreversible.

Las direcciones de los sindicatos mayoritarios, una vez contrastado el error de cálculo cometido con el  sí crítico a Maastricht, denuncian ahora el actual estado de cosas, pero no están en condiciones de proponer medidas anticrisis realmente efectivas ya que no cuestionan con coherencia la Europa construida.

Otras fuerzas, organizaciones y autores de la izquierda critican  la Europa actual y proponen cambios bastante utópicos y proyectos sin fundamento, dado el carácter irreformable de la Europa surgida, sobre todo después de la ampliación de la zona euro al Este. A las carencias originales de la moneda única se añade el peso que ha cobrado Alemania como país hegemónico y la realidad de una descomposición de Europa, aprisionados algunos países en deudas impagables. La imprescindible y urgente necesidad de romper con las ataduras de los Tratados europeos no puede paralizarse ni ocultarse tras propuestas de proyectos de otra naturaleza. Por deseable que sea otra Europa, es ahora inviable, requiere de bases en que sustentarse bien distintas y de la soberanía perdida de cada Estado.

El fracaso del proyecto de construcción  de Europa es inocultable, con independencia de que no sea posible determinar cuándo y cómo se desbaratará la insostenible situación existente.

A los firmantes de este manifiesto  nos parece claro que la Europa de Maastricht no podrá sobrevivir con su actual configuración, tras  los desastres y sufrimientos que ha causado, además de vaciar de contenido la democracia y sustraer la soberanía popular.

También afirmamos que nuestro país no puede salir de la crisis en el marco del euro. Sin moneda propia y sin autonomía monetaria es imposible hacer frente al drama social y económico, tanto más cuanto que la política fiscal también ha quedado anulada con el Pacto de Estabilidad, alevosamente constitucionalizado.

Es precisa una moneda propia para competir y una política monetaria soberana para suministrar liquidez al sistema y estimular una demanda razonable. Y esto como primera condición ineludible, pero en modo alguno suficiente, para poder desarrollar una política avanzada de control público de los sectores estratégicos de la economía, entre ellos la nacionalización de la banca, de reconstrucción del tejido industrial y agrícola, de defensa  y potenciación de  los servicios públicos fundamentales con un poderoso y progresivo  sistema fiscal, de amortiguación de las desigualdades y distribución de la riqueza, del reparto del trabajo para combatir el paro, de  derogar las contrarreformas laborales y de las pensiones, de respeto en serio al medio ambiente, etc., y de  abordar un proceso constituyente que permita recuperar y profundizar la democracia. Por todo ello hay que despreocuparse transitoriamente del déficit público, olvidarse de hacer propuestas imposibles al BCE y dejar de añorar a la  Reserva Federal o el Banco de Inglaterra cuando se puede disponer del Banco de España como  institución equivalente.

El montante de la deuda externa es impagable. Su mayor parte es deuda del sector privado, y corresponde a sus agentes resolver los problemas que se presenten, incluido el sector financiero,  muy comprometido. Por ello rechazamos toda operación de “rescate” de nuestro país y por la misma razón consideramos como deuda completamente ilegitima la contraída por el Estado para proporcionar fondos de salvamento a las entidades crediticias que no hayan sido nacionalizadas.

Con respecto a la deuda pública, el Estado debe realizar una profunda reestructuración de la misma (quita, moratoria, conversión en moneda nacional) que alivie la presión abrumadora que soportan las cuentas públicas. En otro caso, puede darse como irremediable la quiebra del Sector público.

No se nos escapan los problemas y complejidades de los pasos que proponemos, entre otros limitar la libre circulación de capitales. Tampoco nuestro análisis nos impide colaborar en acciones, propuestas y movilizaciones con aquella parte de la ciudadanía y sus organizaciones que, bajo el efecto del bombardeo mediático al que somos sometidos o por otros motivos, aún no comparte nuestra opción ante la  encrucijada en que estamos y la necesidad de romper el nudo gordiano del euro. Sin embargo,  ante el desastre que nos envuelve y ante las causas profundas que lo promueven y agudizan,  no podemos mantenernos mudos ni evasivos.  A nuestro entender, hoy la sociedad española, que ya ha entrado en una agonía prolongada y sin esperanza, no dispone de otra  elección que salir del euro para impedir el hundimiento definitivo del país.

Recuperar la soberanía económica perdida, hacer efectiva la soberanía popular, requiere desprenderse de los dogales que nos paralizan, encarar la cruda realidad y dotarse de los medios para trazar un proyecto de supervivencia que, con todas sus dificultades, puede representar también una gran oportunidad para  crear una sociedad soberana, próspera, justa, solidaria, democrática, ecológicamente responsable  y libre.

PRIMEROS FIRMANTES

Julio Anguita

Carlos Agredano Aguilera

Antonio Arnau

Leonel Basso

Javier Bernad

Miguel Candel

Manuel Cañada

Víctor Cascos

Manuel Colomer

Jorge Cortegana

Isabel, de la Cruz

Alejandro De los Santos

Albert Escofet

Santiago Fernández Vecilla

Ramón Franquesa

Ana Gabarró

Antonio Gallifa

Juan García

Valentín García Navalpotro

Fernando García Noval

Antonio Gil

José A.González Espada

Alberto Herbera

Héctor Illueca

Pedro Jiménez

Salvador López Arnal

Eduardo Luque

Damián Martin

Sebastián Martin Recio

Juan F. Martin Seco

Carlos Martínez

Magdalena Martínez Bode

Amelia Martínez Lobo

Joaquín Miras

Manuel Monereo

Alberto Montero

Juan Montero

Pedro Montes

Agustín Moreno

Manuel Muela

María Dolores Nieto

Araceli Ortiz

Gumer Pardo

Andrés Piqueras

Miguel Riera

Víctor Ríos

Juan Rivera

Antonio Romero Cuellar

Rosario Segura García

Joan Tafalla

Celia Téllez

Diosdado Toledano

José María Torres

Rodrigo Vázquez de Prada


viernes, 22 de junio de 2012

Julio Anguita, su legado y el Frente Cívico

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Julio Anguita habló el pasado 15 de junio en Sabadell ante más de 500 personas y asumió un compromiso bajo la siguiente frase: «Asumo ser el referente de una operación política que intente cambiar el país».

Debido a ello esta semana las redes sociales han sido un ir y venir de opiniones respecto a esto con el añadido, además, de que estas declaraciones aparecieron en 2 vídeos editados donde no salía la propuesta completa.

Algunas de las opiniones vertidas (interesadas y con el objetivo claro de destrozar la propuesta venidera, las posiciones críticas, y al propio Julio) llevaban una línea clara: le acusaban de intentar liderar un partido, movimiento o plataforma política no-colectiva, personalista y anti-IU. Algunos incluso faltaban al respeto (cuando no a la verdad) diciendo que esto era propio de un “chocheo” o de algún tipo de “golpe” que se había dado.

Estas opiniones o acusaciones no tendrían por qué preocupar a nadie pues suelen venir desde los espectros políticos que nos han conducido a la actual situación de crisis de civilización. El problema y el enfado vienen cuando son acusaciones vertidas desde algunos espacios de la izquierda o, peor, desde algunas personas de la propia organización en la que Julio Anguita y otros militamos, y que además se unen a otras declaraciones hechas no hace mucho por algún dirigente andaluz.

Realmente algunos asistimos con estupor a este tipo de declaraciones. Cuando se está faltando al respeto de esta manera a Don Julio se está insultando a una parte muy importante de este país. 
Julio Anguita es ya un referente histórico de la izquierda y el comunismo de España. Es además un ejemplo a seguir (incluso para personas fuera de la izquierda) de coherencia, ética, dignidad, responsabilidad, consecuencia, firmeza, lucha contra la corrupción y las injusticias, y un largo etcétera.
Para muchos, como el que escribe, también es un maestro, referente moral y personal y que ha influido muchísimo a la hora de hacer una cosmovisión de la vida, la sociedad, el mundo…

Defender el legado político de Julio Anguita no constituye un ejercicio de idealización de él si no un ejercicio de defensa de nuestros postulados e ideas. Y somos muchos los que vamos a defender ese legado.

Pero continuando con el asunto inicial, la propuesta se ha ido concretando. A esperas de un escrito de él mismo donde explique todo, es algo que ha convenido en llamar “Frente Cívico”, y que no es otra cosa que una propuesta colectiva con vocación de mayoría, al margen de (y no en contra de) partidos, para convocar y organizar a la sociedad para iniciar una operación política. No será un partido político ni una lista electoral que Julio encabece o vaya a competir con Izquierda Unida

Es una propuesta que lleva explicando ya algún tiempo en sus conferencias y charlas, que también está plasmada en su nuevo libro. Probablemente esté ligada a su misma propuesta de Proceso Constituyente que gire en torno a 5 ideas: justicia, democracia, ética cívica, cultura, y recuperar soberanía.

La idea no es otra, o así lo veo yo, que comenzar desde ya la revolución democrática en España. Esto requiere de concienciación y compromiso de las personas que quieran trabajar en ello.

Desde ya se inicia una guerra que consta de un plan de batalla con dos partes:
  1. La Ruptura con el pensamiento oficial y dominante. La economía es una ciencia al orden de los poderes públicos y debe estar supeditada a la biosfera y el interés general.
  2. La Construcción de lo nuevo. 

No se trata de seguir como corderitos a nadie si no de asumir nuestra parte de responsabilidad, si es que lo queremos, en esta nueva guerra. 
Así que, ante el anuncio de Julio Anguita y en base a una reflexión profunda, yo también hago mi compromiso y, desde ya mismo, me pongo a trabajar para la construcción de esta nueva operación política.

Comencemos esta nueva etapa y trabajemos juntos por un futuro que se nos está denegando.
En cada barrio y en cada municipio, revolución.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Piquetes unitarios

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El 29 de marzo, como a estas alturas sabréis, hay convocada una huelga general de 24 horas. La huelga general fue en principio convocada por los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) pero ha sido secundada por numerosos movimientos sociales, y finalmente otros sindicatos (como CGT) han hecho su propia convocatoria para ese día.
Este jueves es, por tanto, una fecha clave para mostrar el descontento generalizado con una reforma laboral del Gobierno de Rajoy que pretende dar un hachazo a muchos derechos laborales que fueron conquistados con sudor y sangre por nuestros padres y nuestros abuelos.

La huelga (general) está amparada en el artículo 28.2 de la actual Constitución y es uno de los instrumentos más potentes que tiene la clase trabajadora (los de abajo) para dar respuesta a los ataques brutales que los gobiernos están asestando contra la sociedad mediante la excusa de la actual crisis del sistema. Gobiernos que son títeres de "los mercados" (la banca, las grandes empresas, etc.) y que no responden a la voluntad popular.

Y uno de los instrumentos para garantizar el derecho constitucional que es la huelga, son los piquetes informativos, hoy más que nunca atacados y demonizados por los de arriba que aprovechan los medios de comunicación que ellos mismos gestionan para sus intereses económicos.
De los piquetes informativos se oyen multitud de ataques continuamente que no voy a entrar a valorar (creo que se caen por su propio peso cuando los que atacan a dichos piquetes informativos son los que ejercen la presión y la extorsión al trabajador en sus empresas, amenazándoles con el despido si realizan la huelga).

Como instrumento fundamental para garantizar el derecho a huelga, los piquetes deben ser numerosos y deben estar organizados por el simple hecho de que la unidad hace la fuerza y la unidad también es arroparse entre todos para dar esa fuerza mental y ese optimismo para la lucha tan necesario en los tiempos que corren.

En torno al debate de la huelga general, en el 15-M se ha dado también el debate sobre si acudir o no a los piquetes informativos. Un debate a mi modo de ver necesario pero que ha sido costoso, a veces frustrante, y que ha retrasado la propia organización de cara a la jornada de este jueves.

En estos debates se podían ver dos posiciones diferenciadas: una, pragmática, a favor de los piquetes unitarios y masivos para agitar por las calles y acudir a las puertas de grandes empresas; y otra, más utópica, partidaria de dividirse por la ciudad (desde por la noche) y no acudir a las grandes empresas porque eso es  únicamente «trabajo de los comités de empresa».

La posición que he mantenido en estos debates ha sido la de acudir a los piquetes informativos para que fueran lo más numerosos posibles. Creo un error de fondo dividir unos piquetes (sobre todo los nocturnos) y más en una ciudad (Fuenlabrada) que para nada cuenta con la movilización sindical de otros lugares.
Como ejemplo de unidad tenemos las concentraciones a las puertas de las casas para impedir el injusto desahucio a una familia. ¿Es que a caso esas concentraciones no son piquetes ciudadanos, que garantizan el derecho a la vivienda, y que son más fáciles de llevar cuanto más numerosos y unitarios son?

Uno de los errores endémicos que se suele tener en estas cuestiones es la división que tiene el movimiento ciudadano en general. 
El debate de las siglas por encima de un objetivo común, o el debate dogmático del purismo frente a la unidad de acción para conseguir objetivos a corto plazo que den el salto al objetivo mayor, son enfermedades que necesitan curación lo antes posible.

Los piquetes (así como las movilizaciones) tienen que ser unitarios (el 15-M de Fuenlabrada finalmente ha sabido verlo). Y, cuanto más numerosos, mejor.